Iniesta

Iniesta ha sido el mejor jugador español que yo he visto. Y aunque seguro que lo haya sido del modo en que más le potenciaba, durante gran parte de su carrera, con él queda la sensación de que podría haberlo sido de muchas maneras distintas. Especialmente paradigmático de esto es buena parte de la cotaneidad de sus participaciones con el FCB y con la selección donde, en el primer equipo, era un jugador con un rol bastante distinto más enfocado a la creación del partido para que Messi sea el que lo decantase, mientras que en la selección era él el crack; el jugador encargado de marcar la diferencia. De acaparar las atenciones y el que debía crear LA jugada.
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Lo hemos visto romperla desde un rol más enfocado a la seguridad de la posesión actuando, casi siempre, por detrás de la línea de balón (ese interior con Rijkaard que llegaba a ser mediocentro a veces), también desde ser ese extremo enfocado a acelerar en 3/4 y generar superioridades por dentro abandonando la posición a ese jugar que, por mera presencia y posicionamiento, ya orientaba la colocación del resto de su equipo y repercutía en la predisposición de los mismos en su actuar que dominaba como a muy pocos jugadores han visto jugando por dentro entre líneas.

En fin. Lo llevo diciendo desde que se confirmó su marcha: el FCB le va a echar muchísimo de menos. Pero no por la añoranza que supone perder a una leyenda si no porque seguía aportando y podía seguir aportando si el contexto se lo permitía.
Su partido contra el Milán de “los centrocampistas” en Champions allá por el 2005. Cuando el Milán cargaba con mucha gente -de calidad- la zona del mediocentro, donde jugó ese partido (si no me equivoco), y no solo resistió, pese a jugar fuera de posición y que su biotipo aconsejase otra posición y otro rol, si no que dominó. Un jugador que con ese físico, en ese contexto, hace ese partido no puedo si no ser un crack.
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Ese día supe que no sería una joven promesa más. Aunque no imaginaba lo que acabaría siendo, claro.
El propio conocimiento de lo más intrínseco al juego del fútbol llevó al genio español a mostrarse y situarse como un auténtico elegido ocupando el campo y dotando a cada metro del terreno de una intención técnica. Sus apariciones para aparecer entre líneas, para distanciarse o acercarse siempre de forma idónea, despertaron lo que después serían espejos imposibles de reflejar la realidad. Nadie se ubicaba como Iniesta, nadie descifraba las entrañas de los partidos, nadie habilitaba tantas ventajas para hacer daño al contrario como Andrés. Fue así como completó un compendio de suertes que fueron aliñadas con una puntualidad goleadora inigualable. Los guiños de un Iniesta que también había llegado para ganar y cambiar la historia.
Por como conectó y adaptó Iniesta su técnica al espacio ocupado en cada instante, por cómo comprendió las distancias con sus compañeros, las intenciones del rival, las exigencias de cada franja del terreno, el centrocampista manchego pudo finalmente ser lo que se vio con España cuando la representó, sin Xavi ni Messi, como el dueño del discurso. Como rezaba Camarón, “con los años cantas más templado y más caliente”. E Iniesta, con el cuerpo y con la mente, fue el crack que ya era y que fue con todas las ley. Andrés Iniesta es, sigue siendo, el balanceo de esta era. El susurro, una cadencia. Un milagro.